Jardín de abril

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Pol vuelve a pintar cuatro cuadros a la vez y yo planto dalias, hibiscus, bignonias, petunias, encalo la entrada y cultivo un semillero de aromáticas. Mis amigas me regalan un limonero y un pomelo, trasplanto un ficus elástica en mal estado y rebrota. Pol esboza el patio y las cortinas que se convertirán en cuadros, los dos brocha en mano. La primera exposición en nuestro nuevo lugar de residencia programada para agosto. Pinto la antigua mesa de hierro del jardín y la convierto en una mesita de noche.

Invitados  cada fin de semana, aperitivos bajo la glicina, martinis con aceituna, incienso en el salón, velas encendidas. Toco una nueva partitura y las manos me huelen a aguarrás, a tierra  y  raíces arrancadas. Pol pone a secar el blanco de las telas, el color que más tarda, al sol del patio de arriba. Ahora que estamos en un pequeño pueblo costero que no llega a los dos mil habitantes, nos contacta una galerista interesada en su obra urbana cuando en Barcelona vendíamos sobre todo transparencias marinas, qué cosas.

Habrá que posponer la inauguración de Barcelona para el otoño. Consigo los correos de las fuerzas vivas para la exposición de agosto. Me llaman los transportistas para instalar el nuevo lavaplatos. Los hijos van y vienen de Barcelona refunfuñando en voz baja, hablando de Miguel Ángel. Nara y Lennon corren como galgos en el jardín y desentierran piedras bajo el jazmín. Compro un saco de tierra para rellenar agujeros y Lennon pone cara de no haber roto un plato en su vida, el trasto. Pol monta un taller de clases de dibujo. Yo ni me molesto en buscar alumnos aún.

Plátanos y  moreras empiezan a brotar ante la fachada principal y la luz del estudio de Pol adquiere un  aire cálido, y verdoso que estoy segura influirá en  los colores de sus óleos. Duermo como un tronco y me despierta el mirlo residente. Una urraca preciosa inspecciona la pérgola a fondo cada mañana en busca de gusanos o joyas, a saber. Pienso en el jardín de mi madre, que ya no existe y del que recuerdo hasta la última flor,  en como el pasado alcanza al futuro para seguir existiendo y en la vida  que se cierra como un círculo.  Me siento y miro el mar.

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Jardín de febrero

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Lennon se cree en un león al acecho  porque las malas hierbas le cubren parte del cuerpo. Marta promete podar las buganvillas abandonadas a su suerte y Pol dice que  pintará el patio, no a la cal sino al óleo. Nara se tiende al sol a mi lado y miramos el mar desde el último bancal de mi selvático jardín rampante.

Más magia

San Lorenzo 1972

Os veo arquitectas, médicos, decoradoras, periodistas, profesoras, abogadas, economistas, empresarias … ¡Qué plantel de mujeres a contracorriente de lo establecido  en nuestra burbuja de los 70 !

Os veo superando enfermedades, en  pareja o solas, con tiempo para lo grande y lo pequeño, para los padres y los hijos, para las risas y la amistad.

Son un privilegio  las cenas, las comidas, las meriendas, las conversaciones por WhatsApp que nos permiten la conexión diaria en grupo y que a veces me hacen reír hasta las lágrimas con la consiguiente perplejidad de Pol y mis hijos.

Fotos de pies descansando, tazas de desayuno, paisajes urbanos y campestres, Veinte ventanas como si fueran una sola en Caracas, en Llivia, en La Garriga, en Madrid, en Barcelona, en Sant Cugat, en Sant Pere de Ribes. Veinte sillones en uno. Un juego de café compuesto de muchas tazas sueltas. Información intercambiada en el momento oportuno. ¿Necesitas un lampista? Manda foto de la casa nueva. Más fotos de paellas, pavos al horno, anillos de pedida, espectáculos en Madrid, mensajes desde Venezuela, teatro en Barcelona, yemas de Santa Teresa (¡De quién si no!), restaurantes, conciertos, chistes. Buenas noches, buenos días, tres lavadoras hoy.  Os silencio, estoy trabajando. Dolor compartido, muerte compartida.

Hemos creado una red de encaje de bolillos cada vez más tupida que nos  permite participar en la vida que todas hemos tenido que inventarnos tras la destrucción implacable del mundo para el que nos educaron, ese que  dejó de existir poco a poco sin darnos tiempo a pensar en los cambios , tan ocupadas  nos tenía la vida, y al que hemos sobrevivido sin grandes alharacas.

A todas, gracias por el tiempo y por la risa, gracias por estar.

 

 

El mar, el mar

Transparències marines II de Pol Borràs

Transparències marines II de Pol Borràs 

Necesito que el batir de las olas se acompase al de mi pulso para que descanse  el pensamiento . Me gusta el olor a salitre y algas. Keith Jarrett se parece al chapoteo de  un casco de barco contra el agua  y el estruendo del levante tiene algo de Beethoven.

La nostalgia del mar a todas horas, no sólo de vez en cuando, la exigencia de concentración de Pol, la sed de silencio, las ventajas de tener  estudio y  casa bajo el mismo techo y  el añorado jardín nos llevan a abandonar Gracia y la ruta modernista por Caldes d’ Estrac, un pueblo costero a  36 km. de Barcelona  y una casa de principios del siglo pasado que me recuerda mucho a la de Cadaqués.

Supongo que tendría que cambiarle el nombre al blog pero no lo voy a hacer porque aunque no vivamos en Gracia , con mayúscula, conservaremos la minúscula y de todas maneras Barcelona queda a treinta  minutos de coche y a cuarenta de tren.

 

Francisco Rico

Posando con Francisco Rico. Al fondo Rafael Borràs y Miquel Escudero, presidente de la Penya Ignasi Agustí.

Catedrático emérito de Literaturas Hispánicas Medievales de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la Real Academia Española, la Accademia dei Lincei, The British Academy y la Académia das Ciéncias de Lisboa; referencia obligada en la bibliografía  del Quijote, del  que posiblemente ha hecho la mejor edición crítica y comentada  hasta el momento, es además especialista en Petrarca.

Tras el postre de la comida semanal de la Penya Ignasi Agustí y con una servilleta a modo de ejemplo nos explicó como se editaba en el Siglo de Oro.

Después de entregar la obra al Consejo de Castilla, algo así como el Ministerio de Información y Turismo, para que pasara la censura, el autor la entregaba al amanuense que la pasaba en limpio. Eso es lo que actualmente llamamos el original. El manuscrito volvía entonces al Consejo de Castilla para cotejar ambos ejemplares y después del visto bueno pasaba a imprenta.

Allí el corrector contaba las palabras y se preparaban las páginas 2,3,5 y 7 del pliego, más o menos del tamaño de una  DIN  A3, que se doblaría en cuartos.  Al no ir encuadernados a la manera moderna era importante que el nombre del autor figurara en las páginas pares y el título de la obra en las impares por si se perdía  o traspapelaba una hoja, costumbre que aún siguen muchos editores en la actualidad, cuando ya no hace falta por el tipo de encuadernación utilizado hoy en día.

Una vez contadas se apretaban los párrafos si faltaba espacio o se añadían palabras para completarlo. Por ejemplo, cada vez que aparece  “dijo Don Quijote de la Mancha” es un añadido del corrector ya que Cervantes se refería a él como Don Quijote. Rico comentó que, con práctica, se ven fácilmente los añadidos, que a veces son frases enteras.

Los tipógrafos tiraban la página pero se cree que no sabían  leer y escribir en castellano por ser en su mayoría hugonotes huidos de Francia, así que los errores menudeaban. Cuando el corrector leía la página  y descubría uno, se paraba la prensa y se recolocaban los tipos, así que en la literatura de los Siglos de Oro no hay un sólo ejemplar igual a otro.

En ediciones sucesivas Cervantes corrigió anacronismos o errores de bulto, como el asno que era un rucio, incongruencia que aclaró después en el prólogo de la segunda parte o los diversos nombres de la mujer de Sancho. Era costumbre que los autores, de la época añadieran texto, corrigieran  o se explicaran en sucesivas ediciones.

Rico ha sido el primero en España en editar a la manera anglosajona y cree   se deberían  revisar todos los clásicos basándose en el método de estudiar  las diferentes ediciones en vez de ir al primer original que suele ser la peor edición por todo lo anteriormente expuesto. Cotejó ocho ediciones para editar el Quijote, no muchas si tenemos en cuenta que hay unas mil,  mientras que sólo existen veinticinco del Primer  folio de Shakespeare  del que se imprimieron 1.200 ejemplares en 1623.

Ameno,  irónico y erudito, disfruté todas y cada una de sus palabras. Para una filóloga de a pie como yo fue como conocer a una estrella del rock and roll.

No pasa nada

Los miércoles solemos comer con la familia de Pol: Gente maravillosa, culta, preparada, crítica y de una calidad humana difícil de encontrar en esta sociedad de pensamiento líquido. Hoy casi toda la comida ha girado en torno a la Diada y hemos llegado a las siguientes conclusiones:

El sentimiento patriótico es producto del azar. Es seguro que si yo fuera madrileña,  extremeña, o gallega vería las cosas desde otra perspectiva, pero nací en Barcelona, vivo aquí y mi corazón está en un pueblo del Empordà.

Cualquier nacionalismo ya sea catalán, español, que sí, también existe, o europeo presupone que el vecino es el enemigo y en todo el territorio eso implica  además una cierta inquina hacia el pueblo, la aldea, el barrio de al lado.

La crisis y la globalización exacerban los sentimientos nacionalistas por un temor atávico a la desmembración de la tribu, porque los nacionalismos son tribales, incluso el europeo, y eso ya sería  un tema antropólogico.

¿Cuál es el escenario a partir de hoy? Primer supuesto: Mas se reune con Rajoy el día 20 y pide el pacto fiscal. Rajoy, presumiblemente, se niega. Mas adelanta las elecciones, forma coalición y gana.  Sale al balcón de la Plaça Sant Jaume y proclama la independencia; acto seguido llama al capitán general para que se ponga a las órdenes de la Generalitat. Éste llama al Ministro de Defensa o a Rajoy que ponen el grito en el cielo y ordenan que un par de  cañones empiece a moverse Ramblas arriba.  El clamor desde España es unánime y a continuación se suspende o se deroga el Estatut, que ya fue recortado en el 2010. ¿Parece ciencia ficción? Pues si cambiamos los nombres por los de Companys y Lerroux éstos son los acontecimientos  del 6 de octubre de 1934.

Segundo escenario: Mas se reune con Rajoy y éste accede al pacto fiscal que ya tienen vascos y navarros. Mas rebaja sus pretensiones de independencia y los ánimos se calman. Los independentistas protestan,  los catalanistas quedan bastante satisfechos y los políticos se descalifican unos a otros hastiando aún más a los ciudadanos.

Ha sido una comida interesantísima,  pero el próximo día hablaré de literatura.

Desde la ventana

Desde primera hora de la tarde  veo pasar el gentío que se dirigía a la manifestación por la independencia de Cataluña y la Plaça dels Oros colapsada por los  que intentan descender por el paseo de Gracia hacia el punto de reunión.

He visto pasar ancianos con bastón, familias con cochecitos de bebé, jóvenes con la bandera a los hombros, alguna silla de ruedas y, desde luego, muchas más esteladas que senyeras.

La Guardia Urbana calcula un millón y medio de personas, según las últimas noticias, es decir, una quinta parte de mi pequeño país se ha cansado de quejarse en silencio y lo hace sin incidentes, sonriendo y como si fuera una fiesta.

Desde los Reyes Católicos ha habido dos ideas de España: la centrista conquistadora, agraria, poseedora de blasones y la periférica  comercial e industrial. Más de quinientos años después seguimos igual.

Hace pocos años  los independentistas eran minoría, muchos éramos federalistas y otros tantos nos sentíamos parte de España. Creo que hay que agradecerle, no sólo a Azaña que opinaba que hay que bombardear Barcelona cada 50 años, a Felipe V,  a  la crisis, al pacto fiscal y a las autopistas de pago,  sino también a los gobiernos de Rajoy, Zapatero y Aznar que su número haya aumentado de manera espectacular y que incluso los que no eran o no son separatistas acudan en masa al llamamiento de este 11 de septiembre de 2012.